 | Como llegar
A Formentera se llega tan sólo desde Ibiza, desde donde parte, cada dos horas, un ferry. En total unos ocho al día y en verano diez. Desde el puerto de Formentera, salen regularmente autobuses para La Sabina, San Francisco y La Mola.
Cuando uno se va acercando a la isla le invade una sensación de fascinación, el paisaje es excepcionalmente bello. Saltan a la vista dos altos cabos o promontorios, el Cabo Berbería al Sur y el Cabo La Mola al Norte, invadidos parcialmente de pinos y cayendo en picado al mar. En el centro de la isla de abre una estrecha franja que limita al Norte con las salinas, y en su costa, bellísimas playas de arena blanca . |
Que hay que ver
Formentera es el nombre del único municipio que posee la isla, si bien dentro de él existen diversas poblaciones:
La Sabina, el único puerto de la isla con unas cuantas casas blancas ofrece todo el tipismo y el encanto de las Pitiusas.
Cerca y dirigiendonos al Norte se encuentran Las Salinas, una maravilla natural, tanto por sus paisajes como por la riqueza ecológica, vegetal y animal, que poseen. Se estrechan en un esbelto brazo al mar en dirección a la Isla Espalmador.
Si nos dirigimos al centro de la isla podremos visitar San Francisco Javier; un asentamiento de casas blancas de increíble simpleza, orientadas a una iglesia fortaleza como si de un imán se tratase. Su playa Cala Sabina es de gran belleza.
Muy cerca de este municipio se encuentra San Fernando, un encantador bosque de pinos y coníferas que desembocan en la playa Es Pujols, al Norte y la playa de Mitjorn al Sur . Recorrer esta estrecha franja invita al explorar multitud de pequeñas playas y calas, como En Boster, Ca'n Xico Mateu que desembocan en dirección al Este en el impresionante puerto natural de Es Caló
Subiendo hasta 193 m. de altura por la carretera que nos lleva a La Mola, en el extremo sureste de la isla, podemos contemplar desde El Mirador una de las más bellas panorámicas del Mediterráneo, y después la Iglesia del Pilar santuario blanco de una encantadora simpleza.
La parte occidental de la isla es la más salvaje, y de ahí su encanto. Se abre en un valle en dirección a la playa Cala Saona, dominada por las montañas del Cabo Punta Rosa.
|